domingo, 10 de junio de 2018

Victorino cierra discretamente la Feria. Las Ventas, 10 de junio de 2018

Victorino Martín cerraba Feria. Podría haber sido la traca, pero la pólvora debió de haberse mojado en esta primavera tan húmeda. No sólo eso, en la minicompetición de albaserradas de esta semana, podemos decir que ha ocupado el puesto de cola, con una preocupante falta de algo que siempre fue santo y seña de esta divisa: la fiereza.

Derechazo ajustado de Paco Ureña al quinto

Victorino Martín, la ganadería más conocida de la actualidad, sigue llenando la plaza, y ese lleno repercute en los alrededores. Por alguna razón, en una tarde de despedidas no se notaba la prisa de otros días. Tampoco en el Rincón de César, donde don Venteño trataba de zafarse de un señor de Castellón que se empeñaba en decirle algo. Con disimulo le empujé y pudimos alcanzar la mesa, en la que Remi había dejado un revuelto de gambas y unos medallones de merluza a la romana.

- Gracias, Cadahalseño, no entendía una sola palabra de lo que me decía ese tipo, que bien ha aprovechado un día en Madrid. Mire la mesa, yo esperaba una buena mariscada y resulta que el Remi nos ha puesto el plato de día.

- Será para ir acorde con el cierre de la Feria. La corrida de Victorino se nos olvidará en dos días.

- Por cierto, antes de que se me olvide a mí una cosita. El otro día dijo que el Rey no estaba ni se le esperaba y hoy le ha tenido usted en barrera, en la corrida de la Prensa.

- Tiene razón, me la tengo que comer con patatas, y no precisamente la merluza.

Repartimos los platos y brindamos por una feria más.

- Amigo Cadahalseño. No sé si veré el fin de los toros en España, o me iré antes. Porque no creo que queden muchos años ni a una cosa ni a otra. Los enemigos son inteligentes y tienen mucho poder. Ya han colocado a un antitaurino en el Ministerio de Cultura, ni más ni menos.

- Mejor esta noche nos olvidamos de estas cosas y charlamos de los Victorinos.

- Si le digo la verdad, como que me da un poco de pereza, porque no ha sido lo que espero siempre de esta ganadería. Les ha sobrado sosería y les han faltado fuerza y casta. Mala cosa para un hierro que siempre era sinónimo de emoción y de transmisión.

- Con todo, alguno ha dado oportunidades.

- Puede ser, pero eso no me vale. Supongo que habla sobre todo del tercero. Ese toro humilló templado en la muleta, es cierto, pero le faltaba recorrido, y Emilio de Justo no acertó a dárselo. Que si para el torero le podía valer, a mí no. Yo no quiero ese toro noble que colabore. Y menos en los albaserradas. Lástima por el extremeño, que tiene buen corte, y que ha estado muy dispuesto con el reservón sexto, al que incluso se ha tirado a matar muy por derecho, aunque haya quedado desprendida la estocada. ¿Se ha dado usted cuenta de que la ejecución de las estocadas apenas se valora y todo se supedita a la colocación de la espada? Es muy fácil ver dónde ha quedado el estoque o si un caballo pisa la raya de picar, como si fuera esto muy importante. O que un golpe de descabello no ha sido efectivo. La mayoría de estas cosas son simplezas que no tienen demasiada importancia, pero como no requieren de un esfuerzo de atención, muchos se agarran a ellas para expresar sus frustaciones. ¿Sabe lo que le digo? Que el descabellar es oficio de matarife y no de matador de toros.

Sus palabras le habían ido calentando y la última frase la dijo ya enrojecido y con voz ahogada.

- Cálmese don Venteño, que es el último día y es día de despedidas, mejor si son alegres.

- No, si estoy calmado, pero son tantos días seguidos con lo mismo, que tengo que soltarlo. Volviendo a Emilio de Justo, le diré también que no se alivia en su toreo y esto por sí sólo ya es un punto a su favor. Como Paco Ureña. Oígame, este hombre cada día me parece más frágil y dan ganas de adoptarlo. Y todo es porque se pone muy de verdad y se los pasa muy cerca, tanto que en sus faenas siempre acaba con sustos, porque es fácil que el toro lo arrolle lateralmente. Ha pegado buenos derechazos y naturales al segundo, que era noble pero de escaso recorrido, pero no ha sacado ninguna tanda rotunda y no le ha salido el final de naturales con la derecha. Por cierto, otra cosa a su favor, cuando ha cogido la muleta con la derecha no ha tirado la espada al suelo como absurdamente hacen casi todos, sino que se la ha quedado en la zurda, como debe ser, porque no es pecado sujetar una espada con esa mano izquierda.

- A mí el quinto me engañó, parecía tener mucha codicia de salida, cuando hizo coger el olivo al murciano, pero empezó a demostrar su mansedumbre cuando se negaba a entrar al caballo y Curro Vivas dio cien lances para conseguirlo, para terminar aplomado en la muleta.

- Hablando de bregas, tampoco estuvo acertado el Pirri en la brega del segundo, y ahí estuvo muy bien Manuel Escribano como director de lidia, supliéndolo y colocando al toro para el par de banderillas. Y hablando de Escribano, creo que ha estado en su papel: se ha ido a portagayola en sus dos toros y con mérito de aguantar a pesar de salir parados; ha alternado en sus tercios de banderillas los pares gimnásticos a toda carrera, con otros más ortodoxos y el habitual al quiebro cerrado en tablas. Con la muleta nada podía hacer el de Gerena con un lote lleno de sosería y de falta de casta.

- Lo que prácticamente no ha habido es toreo de capote. Algunas verónicas de saludo de Escribano y un quite por chicuelinas de Emilio de Justo, muy movidas porque probablemente el toro no se prestaba a esa suerte.

- Oígame Cadahalseño, como ponga esto así, tal cual, va a parecer la crónica de un portal taurino.

- ¿Y eso?

- Porque no hemos dicho nada de que haya habido tercio de varas.

- Sí, cuando he hablado de los problemas de Curro Vivas para llevar al quinto al peto. Pero es que la corrida no ha hecho buenas peleas, salvo el tercero.

- Por esa parte, yo me quedo en la forma de echar la vara de Pedro Iturralde al segundo, aunque en la segunda entrada señalase trasero.

Echó el último trago a la cerveza y llamó a Remi, que se acercó sonriente como siempre.

- Remi, nos has despedido con una cena de andar por casa, pero ya sabes que te tengo como un hijo, que no heredero. Tienes mérito de aguantarme un mes entero, algo que no ha conseguido nadie. Ya me voy de veraneo y no sé cuándo volveré por aquí. Así que dame un abrazo.

Con los ojos acuosos, el camarero se abrazó a don Venteño y después a mí. Salimos del bar y tiramos calle Alcalá arriba hablando de los proyectos para el verano que, en su caso, no contemplaban ningún festejo taurino, para desintoxicarse, como él dice. Se despidió hasta la Feria de Otoño, si es que el fisco no le hace volver antes.

Cuadro de puntuación de la corrida de Victorino Martín


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