sábado, 27 de febrero de 2010

Esta medalla sí es de oro

Nunca es tarde si la dicha es buena.

Luis Francisco Esplá ha sido galardonado por el gobierno con la Medalla de Oro a las Bellas Artes. Vaya por delante que no soy un entusiasta de los premios y de las medallitas, porque bajo el barniz del aparente reconocimiento a algún tipo de mérito suelen esconderse intereses espurios: pagos recíprocos de favores, fines propagandísticos o simple satisfacción de vanas vanidades.

Pero puestos a conceder premios, es exigible que la designación del galardonado sea, al menos, justa. Y en este caso, no creo que nadie que sepa algo de esto, y no tenga su corazón atenazado por sentimientos inconfesables, pueda discutir el acierto del gobierno al distinguir al maestro alicantino, compensando así el imborrable bochorno del año 2009 de conceder la medallita a una medianía como Francisco Rivera. Y más cuando se trata de un torero que ha cimentado toda su carrera apechugando con el ganado más duro que pasta en las fincas de bravo.

Lo reprochable es la desafortunada justificación que ofrece la página web de la Presidencia del Gobierno:
Luis Francisco Esplá. Matador de toros. (Alicante, 1958). Es un matador de amplio repertorio y, además, un gran estudioso de la historia de la tauromaquia. De familia taurina, se puso por primera vez el traje de luces en 1975, a los dieciséis años, y tomó la alternativa un año después en Zaragoza, apadrinado por Paco Camino y con el “el Niño de la Capea” de testigo. En 1982 recibió el trofeo “Andanada” al mejor par de banderillas de toda la feria de San Isidro de Madrid.
¿Alguien sabe quiénes son los "sabios" que asesoran al gobierno en esta materia?

Con lo sencillo que era motivar su concesión:
¡Por su TORERÍA!
Y punto.

P.D. Lo gritó Miguel Moreno desde su delantera de andanada del 4, en la tarde del 7 de octubre de 2001, y se hizo eco de ello Joaquín Vidal en su crónica del día siguiente en El País:
Y eso apasionaba al público de Madrid: la torería, que es magia y liturgia; el pundonor del que hacen gala los toreros con profesionalidad y sentido del deber. Se lo decían a Esplá de viva voz: 'Tiene usted lo que les falta a los demás: ¡torería!'. O en corto y por derecho: 'Es usted cojonudo', a lo que contestó Esplá desde el centro del redondel gritando '¡Gracias!' sin perderle la cara al toro al que estaba porfiando un pase de pecho.

Nota: Publicado originalmente en el blog estrapicurciela
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domingo, 21 de febrero de 2010

Se torea como se es


Se torea como se es.
Juan Belmonte.         
Juan Belmonte toreó muy despacio (dentro de lo despacio que podía torearse a los toros de entonces). Y es que se torea como se es. Belmonte toreaba despacio porque era perezoso, un divino perezoso.
Rafael de Paula.        
(ayer sábado en el Aula Cultural "Antonio Bienvenida" de Las Ventas
 en el ciclo de conferencias de la peña "Los de José y Juan")

Foto tomada de Cope Toros

Y una anécdota contada por Apaolaza en el mismo evento: Cuando preguntaron a José Bergamín sobre la charla que había tenido con Rafael de Paula, tras la histórica faena en Vista Alegre de 1974, comentó:
Le he preguntado qué ha estudiado. Me ha respondido: ¿Estudiar yo? no, soy de Jerez.

Nota: Publicado originalmente en el blog estrapicurciela
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viernes, 12 de febrero de 2010

La última corrida regia: 1906

La última corrida regia (de toros, naturalmente), se celebró en Madrid, el 2 de junio de 1906, a partir de las cuatro de la tarde, en la plaza de toros de la carretera de Aragón, situada donde hoy se alza el Palacio de Música (perdón, de Deportes) de la Comunidad de Madrid. Antes de nada, aclaremos que es esto de las corridas regias.

Sobre las corridas regias

Las corridas regias o fiestas o funciones reales, como se conocían desde antiguo, se celebraban en honor de personajes de la realeza o con motivo de acontecimientos muy señalados. Cossío, citando el libro “La fiesta más nacional” del conde de las Navas, data en 1135 la primera conocida, que se celebró en Varea (La Rioja) festejando la coronación de don Alfonso VII el Emperador. Desde entonces se han venido celebrando estas corridas, hasta el siglo XX en que se dieron las dos últimas: en 1902, por la mayoría de edad de Alfonso XIII y en 1906, con motivo de la boda de este monarca con la princesa Victoria Eugenia de Battenberg. De forma muy breve diré que su evolución ha sido paralela a la evolución del toreo, pasando de la preponderancia de los caballeros “en plaza” a su casi postergación. Antaño, se aprovechaban estas funciones para “armar” caballeros, lo que necesitaba además que los “caballeros en plaza“ tuvieran padrinos de la aristocracia. Cuenta Shubert en su libro “A las cinco de la tarde”, que en el siglo XIX los grandes de España, que siempre se habían ofrecido voluntariamente, procuraban eludir la carga de ser padrinos, y algunos caballeros tuvieron verdaderos problemas para encontrar quien les apadrinara. Nota destacada de estas fiestas reales era la situación en el ruedo de los alabarderos del rey delante del palco real, que se defendían con sus picas de las arremetidas de los toros y que dio ocasión a diversos percances, por lo que se decidió suprimirlo en la última función real.

El cartel de la corrida regia de 1906

La boda real se programó para el 31 de mayo de 1906 y la corrida de toros regia, dos días después, el 2 de junio.

A estas funciones se acudía por expresa invitación, lo que no impedía la reventa; de hecho, fueron detenidos por tal motivo diversas personas, una de las cuales resultó ser el mozo de espadas de uno de los diestros actuantes. Los precios de la reventa alcanzaron precios astronómicos, de 100 pesetas el tendido de sol y 200 el de sombra (en la prensa del día, se anunciaban “traje y gabán ricos forros” a 20 duros y “traje de señora gran moda” a 12 duros, y un periódico costaba 5 céntimos). La prensa informó que hubo muchos extravíos en el reparto de invitaciones y que ocasionó “muchos disgustos”. Contra esta costumbre de la invitación con cargo a las arcas públicas, escribió doña Emilia Pardo Bazán en La Ilustración Artística, proponiendo que fuesen “los años y servicios en materia de beneficencia título preferente para el reparto de billetes de convite, o, en su defecto, “que los centros oficiales diesen publicidad a los nombres de las personas invitadas”, con argumentos muy razonables y que hoy tienen plena vigencia.


También, algunos periódicos se mostraban contrarios a la corrida, en paralelismo a su postura antitaurina. Así, en La Vanguardia del mismo día de la corrida, bajo el seudónimo Juan Buscón, se decía: 
Con sobra de razón se lamentaba ayer nuestro amigo y colaborador político Sanchez Pastor de que subsista todavía esa malhadada tradición, en virtud, mejor dicho, en vicio de la cual ha de figurar en todo programa de festejos reales la «indispensable » corrida de toros. No hay razón ninguna, como no sea la del absurdo, que abone por la conservación de semejante rutina. Verdad que aquélla basta y sobra para explicar muchas cosas que no tienen sentido común. La razón de la sinrazón de tal manera obscurece la razón de muchos hombres, que no parece sino que los organizadores de fiestas como las que próximamente se van á celebrar en Madrid, creerían estar fuera de la razón si en la lista de las solemnidades no figuraran cuernos. ¡Es mucha cosa que en los más sensacionales acontecimientos de la España moderna hayan de desempeñar un principal papel los berrendos en negro ó en claro y los chulos en oro y azul! Tengo por seguro que nuestro joven monarca prescindiría de muy buena gana de esa fiesta tan típica (llamémosla así por cortesía) y preferiría no exponer la sensibilidad de su joven y gentil esposa á las fuertes emociones de un espectáculo sangriento. Pero tampoco los reyes pueden librarse de vetustas imposiciones sancionadas por seculares reglamentos; sobre los representantes de la realeza pesan dos tiranías á cual más cargantes: la de la tradición y la del protocolo (…)
También transcribía la carta de la esposa de un alabardero, pidiendo ayuda para que no formasen en el ruedo. Como ya indiqué anteriormente, aquella tarde se rompió la tradición (y el pesimismo del firmante):
«... He concebido la esperanza de que si algunos periódicos se ocuparan del asunto, quizá no tendría que pasar por las horas de agonía que pasaré si mi esposo forma parte del zaguanete que vaya á la plaza.-'Hágalo por Dios y acepte el agradecimiento de etc., etc.
¡Ay, señora mía! no creo que ni mi pobre pluma ni otras que valen muchísimo más puedan lograr gran cosa. El cuarto poder es débil, muy débil cuando se trata de ir contra la santa rutina, la archisanta tradición y el omnipotente protocolo.
Un cadalseño fue agraciado con una de estas invitaciones. El joven entonces Ricardo Sáez Torres, después ganadero de bravo, tuvo el privilegio de ver la corrida en el asiento 14 de la fila 4 de la grada del 3, posiblemente gracias a los buenos oficios de su tío Ramón Sáez, que fue diputado provincial. El billete de convite era en forma de carnet, dibujado por Agustín Lardhy, con un dibujo de escudo, una copia de una aguafuerte de Goya representando a un caballero en plaza, y el programa del festejo, con lo mejor de la ganadería y toreros de la época, como puede verse en la imagen del billete.
En representación de la grandeza de España, los Excmos. Duques de Medinaceli, Alba y Marqués de Tovar, apadrinarán a los Caballeros en Plaza D. ANTONIO LUZUMARIZ, D. MANUEL ROMERO DE TEJADA y D. GABRIEL DE BENITO.

TOROS A DISPOSICION DE S.M.

PARA REJONES: Tres de la ganadería del Sr. Duque de Veragua.

PARA VARAS: Seis de las siguientes ganaderías:

Duque de Veragua - Anastasio Martín - Eduardo Miura
Felipe Pablo Romero - Celsa Fontfrede - Esteban Hernández

MATADORES DE LOS TOROS REJONEADOS

Darío Díez "Limiñana" - Fermín Muñoz "Corchaíto" - Manuel Rodríguez "Manolete"

MATADORES DE LOS TOROS DE VARAS

Antonio Fuentes - Manuel García "Algabeño" - Ricardo Torres "Bombita" - Rafael Molina "Lagartijo" - Rafael González "Machaquito" - Antonio Boto "Regaterín"


El atentado de 31/5/1906

La corrida se celebró de casualidad. En concreto, por dos o tres metros, que fueron los que separaron el carruaje real del lugar donde cayó la bomba que pretendía acabar con la vida de los recién casados. Ocurrió en la calle Mayor, durante el trayecto de los reyes desde la Iglesia de San Jerónimo, donde habían contraído matrimonio, hasta el Palacio Real. La bomba fue arrojada desde el balcón de un hostal del número 88 de dicha calle, camuflada en un ramo de flores, provocó la muerte de 23 personas y los recién casados salieron ilesos. El autor, un anarquista llamado Mateo Morral, pudo escapar; sin embargo, dos días después fue reconocido en Torrejón de Ardoz, y acabó suicidándose tras matar al guarda jurado que le llevaba detenido. Entretanto, la policía detuvo a un inglés, Mr. Hamilton, huésped del hostal, al que un guardia civil, como testigo del hecho, reconoció como una de las personas que se asomó al balcón del hostal y, “de una manera rotunda y firme”, aseguró que le vio bajar de la escalera de la casa y que no pudo capturarlo por impedirlo el gentío. Gracias a unos soldados, Mr. Hamilton se libró de ser linchado en el momento de su detención; el gobierno acabaría pidiendo excusas a Mr. Hamilton y al gobierno británico. Según el Siglo Futuro, “fueron de oír las cosas que decía el hombre de España, al salir de su encierro, tanto de la policía, como de la prensa, como del pueblo. Y lo triste del caso es que tiene razón en todo lo que decía”.



Quizás, en la actualidad no se habría celebrado la corrida, en señal de duelo por la muerte de esas 23 personas en uno de los mayores atentados producidos en Madrid en toda su historia. Eso sí, el presidente del Congreso, Sr. Canalejas (que años después sería asesinado siendo presidente del gobierno) tuvo la iniciativa de dar un donativo de 1.000 pesetas para las familias de las víctimas, al recoger sus dos invitaciones, que fue secundada por los demás diputados con cifras más modestas. Uno de los diestros actuantes, Bombita, se ofreció al ministro de la gobernación a torear gratis una corrida de Saltillo, siempre que la recaudación se destinase íntegramente al socorro de las víctimas.

Quizás, tampoco hoy se habría puesto en Madrid el nombre del terrorista a la calle donde perpetró su atentado, como ocurrió treinta años después: calle de Mateo Morral, en sustitución de calle Mayor.

La corrida de 2 de junio de 1906.

Llegada de los reyes a la plaza de toros. Imagen de www.todocolección.net

La corrida fue presidida por la nueva Reina, y como curiosidades, comento las siguientes:

    - La Diputación Provincial se encargaba de engalanar esplendorosamente la plaza de toros. Sin embargo, el tapiz de flores con que se cubrió el ruedo resultó un fracaso y no pudo ser admirado, porque mucho antes de empezar la corrida, a causa del fuerte viento, se recogieron los paños blancos, el verde césped y las flores”.

    - La prensa pedía, “como es de rigor”, que las señoras asistiesen ataviadas “con las clásicas galas españolas, que tanto realzan su natural belleza y tanto llaman la atención de los extranjeros”. El tendido 9 se reservó para las “señoras de la sociedad madrileña”. Como decía el periódico La Esperanza: “Centenares de elegantes señoras y señoritas, bellísimas, le ocupaban, todas vestidas con alegres trajes de claros tonos; todas luciendo la airosa cabeza con la clásica mantilla blanca de blonda (…) Allí estaban la belleza, la juventud, la riqueza, la alegría, y allí se fijaban sin descanso los gemelos de los amantes de la belleza. ¡Cuánta cara bonita y cuánto cuerpo primoroso… Como dijo el otro: -¡de allí al cielo!”  Añadía La Correspondencia Militar:Campos de nieve cubriendo carne perfumada”. Eso sí, dos caballeros se colaron en ese tendido: el conde de Romanones, zascandil donde los haya habido (este calificativo es mío), y el Sr. Gasset.

    - Aprovechando que la mayoría de espectadores era “de buena posición”, los vendedores hicieron su agosto: las almohadillas, a peseta; las naranjas, a 20 céntimos; y las botellas de cerveza, al principio a peseta, y después a 1,25.

    - El paseíllo, lo encabezaban cuatro alguacilillos, precediendo a las tres lujosas carrozas de los padrinos de los caballeros en plaza (que fueron los Duques de Medinaceli y de Alba y el Marqués de Tovar), a cuyo estribo desfilaban los matadores de a pie; detrás, las cuadrillas, “monos sabios”, areneros y mulillas.

Foto del archivo de Ragel publicada por Blog toreros antiguos
   
 - La corrida terminó a las 7.35 de la tarde, es decir, duró 3 horas y media. Castor Jaureguibeitia Ibarra, Cocherito de Bilbao, sustituyó a Lagartijo Chico. A pesar de lo indicado en el cartel, la corrida no terminó cuando se retiraron los Reyes en el quinto toro. Se lidió un séptimo toro "de gracia", de Palha, que lidió Manuel Mejía, Bienvenida (Papa Negro).


Crónicas de la corrida regia:

> El Heraldo, 2/06/2010 (por supuesto, edición de noche) escrita por El Barquero (Ángel Caamaño).
> El Enano, 2/06/2010 (también, edición de noche) escrita por Molinete.
> ABC, 3/06/2010 escrita por Don Silverio (José Trabado).
> El Liberal, 3/06/2010 escrita por Don Modesto (José de la Loma).
> El País, 3/06/2010 escrita por Juan CHANELA.
> El Globo, 3/06/2010 escrita por APÉ.
> El Imparcial, 3/06/2010 escrita por Oh.
> La Correspondencia de España, 3/06/2010 escrita por Tinito.
> El Toreo, 3/06/2010.

ADDENDA. En la magnífica colección TIERRAS TAURINAS (números 5 y 6) se han publicados dos de los carteles de la corrida, de donde he tomado las imágenes.

Como curiosidad, resalto que en esa corrida actuaron los dos maridos de doña Angustias Sánchez: Rafael Molina "Lagartijo Chico" y Manuel Rodríguez "Manolete" (padre del célebre Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete"), que casó con doña Angustias en 1912, tras enviudar ésta de "Lagartijo Chico". A propósito de ello, Fernando Claramunt, en "Manolete, él y sus circunstancias" recoge una frase atribuida al cuarto califa y dirigida a su madre: "Tuviste dos maridos toreros y ninguno valía un duro", a la que da poco crédito Matías Prats Cañete.


Nota: Publicado originalmente en el blog estrapicurciela
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domingo, 7 de febrero de 2010

¿Quién nos defiende de la autoridad?

Sí, el titular es algo parecido a volver por pasiva esa pregunta tanta veces oída que surgía del 7 en Las Ventas: ¿a quién defiende la autoridad? En realidad todos sabemos que no era una interrogación, sino una pública protesta que, ante una decisión injusta (generalmente, permitir la salida al ruedo de un animal sin trapío o mantener en la arena un semoviente no apto para la lidia), dirigía al palco Salvador Valverde, “Salva”. He podido ver que la blogosfera anduvo atenta a la noticia de su muerte, el pasado miércoles 3 de febrero, pero yo no me enteré hasta la noche del jueves por las palabras de recuerdo que le dedicó don Rafael Cabrera en la presentación de la conferencia “Pensando en Manolete” que pronunció don Fernando del Arco de Izco en el Aula de Tauromaquia del CEU.
Allí había ido -a pesar de que la escuela del diestro cordobés no es mi preferida-, porque la alternativa de Casa Patas era perfectamente desechable (de cuvillos ya tenemos sobredosis). Y me alegré de asistir a la conferencia por la brillantez con que la pronunció el Sr. del Arco: apasionada, bien estructurada, amena y de excelente prosodia. Un buen resumen puede encontrarse en El Rincón de Ordóñez. Su visión de Manuel Rodríguez fue amplia y recordó, no sin intención, que alternó habitualmente con las demás figuras de su época y se anunció profusamente en todas las plazas importantes, recalcando el ambiente crítico con que se topaba en muchas de ellas. Mas no fue completa porque obvió el hecho de que Manolete lidió predominantemente utreros y astados afeitados, aunque no tuvo ningún empacho en reconocerlo a las preguntas posteriores de dos asistentes. Y traigo todo esto a colación aquí, porque me sorprendieron los aplausos que saludaron la intervención de otro asistente cuando ensalzó a José Tomás, hasta el punto de manifestar con énfasis y repetidamente que no sólo aplaudía al de Galapagar cuando lo veía en la plaza, sino que además “berreaba”. Por el contrario, cuando un aficionado aludió al afeitado en la época de Manolete, lo que se oyeron fueron algunos murmullos de desaprobación por la pregunta. Si esto sucede en un lugar donde se supone que se reúnen aficionados curiosos y juiciosos, es fácil entender qué tipo de público predomina en nuestros cosos. En alguna que otra entrada del blog me he referido a la exigencia de los aficionados con todas las figuras en todas las plazas importantes. Esa exigencia ha decaído en nuestros tiempos hasta el punto de estar en inminente peligro de extinción. Y así hemos llegado a los momentos actuales, en que al progresivo descastamiento de la cabaña brava (sólo los que confunden bravura con nobleza pastueña pueden decir que el toro actual es el más bravo de la historia) se ha unido otro descastamiento paralelo: el de la afición taurina.

He hecho esta digresión para llamar la atención sobre la imperiosa necesidad de oponer un contrapeso (por molesto e inoportuno que a veces pueda resultar) a la complacencia, cuando no connivencia, de la autoridad (palco y Cuento de Arreglos Taurinos), de la crítica taurina (que nunca rayó a un nivel tan bajo), y de los públicos (espectadores, los del clavel e, incluso, algunos aficionados), con la imparable imposición por los taurinos de un espectáculo manipulado y cada vez más alejado de su esencia primigenia, basada en “la Lidia” y no en la supeditación de todos los elementos, toro incluido, a la mayor gloria y comodidad del torero. Con la desaparición de Salva ha empequeñecido un poco más ese necesario contrapeso, que urge compensar con nuevos aficionados que impidan la definitiva inclinación de la balanza hacia el lado del taurinismo.

Concluyo respondiendo a la pregunta inicial: no hemos de confiar en que alguien nos ampare; estamos solos y sólo nosotros podemos defendernos. No dejemos de hacerlo.
¿Toros o aficionados?
No, ovejas en el castañar de Casillas (Avila)

Nota: Publicado originalmente en el blog estrapicurciela
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Cómo acabar legalmente con la Tauromaquia sin prohibirla. Baleares

El personal se puso tan contento con la tardía sentencia del Tribunal Constitucional que declaró la inconstitucionalidad de la ley catalana...