sábado, 10 de octubre de 2015

Miranda y Colombo, dos novilleros sólidos. Chapinería, 10 de octubre de 2015

Una de las tardías fiestas patronales en la Comunidad de Madrid es la de la Virgen del Rosario de Chapinería. Dentro del programa de fiestas se incluye una novillada picada de 4 utreros para dos novilleros, un modelo que era el habitual hace 50 años y que ahora puede ser una solución económica para mantener los festejos taurinos en muchas localidades de España. Anunciada en principio para el día 5, la meteorología provocó su aplazamiento para el sábado 10, aunque eso no ha evitado que la lluvia fuese protagonista.

Juan Lamarca, seguidor de Colombo y autor del blog Del toro al infinito,
 inmortaliza la salida a hombros de los novilleros

El cambio de fecha ha permitido al aficionado el desplazamiento a este pueblo casi serrano, y tomar asiento en un plaza portátil pequeña, de 5 filas de asientos. Se anuncian novillos de José María López, para dos novilleros que el aficionado tiene interés en volver a ver: el onubense David de Miranda y el venezolano Jesús Enrique Colombo, debutante con caballos esta temporada y ganador del Racimo de Oro de Cadalso de los Vidrios. Con media entrada en los tendidos, en tarde nubosa y agradable, se inicia el paseíllo con retraso, porque ha de esperarse a que las misses ocupen su lugar en el palco, tras unas vueltas al ruedo en un coche más apropiado para un desfile de carnaval que para realzar un festejo taurino.

La salida del primero provoca sorpresa en los de luces, pues preparados David de Miranda y su cuadrilla para recibirlo, se retiran entre barreras y se hacen cargo de él Colombo y la suya. Probablemente, por un error en el desencajonamiento, que se realiza directamente desde el camión. En la piel del bicho no puede apreciarse cuál es el hierro. El novillo es cuajado y algo abrochado de pitones. Permite lancear al venezolano y se queda en el peto del caballo montado por un mal picador, que señala bajo, rectifica y vuelve a clavar bajo: ¿impericia o contumacia?. Colombo es un banderillero espectacular, léase veloz y contundente, que clava sin cuadrar y que deja muy desiguales los pares, siendo sólo de buena ejecución el segundo. El morito no termina de humillar ni de emplearse en la muleta, y el diestro está aseado, o sea, bien dentro de lo que permite la mansa condición del novillo. Tras finalizar con manoletinas, clava el estoque en lo alto, pero asoma casi todo el acero por el costado derecho, como si algo hubiera desviado su dirección. La posterior estocada le permite pasear dos orejas muy benévolas, favorecidas también por el "buen hacer" de los mulilleros, y del peón que se puso delante de las mulillas y animaba al personal para que las pidiese.

El segundo de la tarde es colorao chorreao y luce también una especie de mancha donde debería apreciarse el hierro. De buen aire, aunque sin humillar, Miranda lo lancea seguro. El picador lo coge en corto y trasero, y acaba levantando el brazo porque el novillo se queda en el peto. El animal acude a palos, y los banderilleros lo hacen más que regular. Aunque no se emplea en la muleta, atiende al toque y el de Trigueros realiza una faena irregular, aceptable para las condiciones de su enemigo. No mata a la primera y se le premia con una oreja.

Unas gotas persistentes hacen que los espectadores busquen refugio bajo el tablado o acudan a los coches para volver con paraguas.

El tercero también es colorao y gacho de pitones. Con mal estilo no deja acoplarse a Colombo. Se repucha en el caballo, y también está mal el otro picador de su cuadrilla, sin clavar y asegurar; el novillo se va suelto, y la misma situación se repite en la segunda entrada. Al coger los garapullos, el venezolano pide música en vano, porque la pequeña banda también ha buscado refugio bajo las gradas. Tampoco está muy afortunado Colombo y los pares quedan caídos. El utrero es manso, suelta la cara (o sea, calamochea) y se defiende. El diestro muestra seguridad y está por encima de esas malas condiciones, si bien no consigue corregir los defectos. Ejecuta bien la estocada, que queda desprendida. De nuevo las mañas de peones y mulilleros preceden el paseo de dos orejas, cuando la lluvia cesa.

El cuarto es gacho y terciado. Mete bien la cara y permite a Miranda lancear con gusto y redondear un buen saludo capoteril. El utrero mansea en el peto, con cara alta. El andaluz  se decide a realizar el único quite de la tarde (cuando debería ser lo normal, y más en novilleros), y se luce con talaveranas, una cordobina, una media y una revolera. El novillo no opone ninguna dificultad a los rehileteros y el usía decide cambiar el tercio con solo dos entradas, una moda que nos asola. David de Miranda aprovecha la buena embestida del noble animal, con toreo vertical, pasándose cerca a un novillo que se ciñe, con airosas trincheras, buen toreo con la derecha y algún susto. Termina con las consabidas bernadinas y vuelve a pinchar en lo alto, antes de despenar al novillo de una estocada. El palco concede las dos orejas, esta vez con más justificación, y ambos novilleros salen en hombros por la puerta grande y única de la plaza.

Detrás de ellos, el aficionado repara en la absoluta soledad del sobresaliente, a quien todo el mundo ignora, incluso el cartel anunciador. Nadie le dejó dar un lance y estuvo oportuno en un quite a un banderillero.

Como el aficionado ha ido solo y la plaza se sitúa en las afueras del pueblo, donde no hay un bar a mano, decide irse directamente del pueblo, sin pasar por una barra y sin que sirva de precedente.

P.D. En las reseñas de portales y blogs taurinos se indica que los novillos pertenecían a la ganadería de doña Elisa y don Martín Lucero, asociada a la UCTL y del encaste mayoritario. No cuesta nada, aparte de que es obligatorio, informar en las taquillas del cambio de hierro respecto del que figura en el cartel, máxime cuando no se facilita programa de mano ni se muestra tablilla de los novillos antes de su salida al ruedo.

LA  TARDE  TRAS  EL  VISOR

Cartel

Impresora a color


La contrata de caballos


David de Miranda y su cuadrilla. El sobresaliente charla con Marco Galán


El detalle extravagante de la tarde


El paseíllo, con nubes y claros

Primero de la tarde


Saludo de Colombo


El picador no acierta y el mono donde no debe


Colombo se prepara


El venezolano no reúne los pares


Los cuatro novillos fueron brindados al respetable


Derechazo...


...natural...


...pase de pecho...


...y estocada con el acero asomando por el costado


Palco presidencial...


...Banda de 8 músicos...


...y tendido de los sastres


Segundo de la tarde, saliendo directamente del camión 


Remate del saludo de David de Miranda

Acometida al caballo

El novillo echa la cara arriba

Recorte...

...derechazo...

...natural...

…manoletina...

..y pinchazo

Cadalseño por Chapinería

Los espectadores previsores abren los paraguas

Tercero de la tarde


Manso en el peto

Marco Galán demuestra la suavidad de su capote

Par de Colombo de compás abierto en la reunión

Pase de pecho...

...natural...

...tornillazo...

...otro natural...

...y estocada

Petición

Colombo corresponde a los aplausos

Cadalseña por Chapinería

Cuarto de la tarde

Saludo a pies juntos de Miranda

Remate del saludo

Ningún novillo se puso bien en suerte

Bello remate del quite

Oportuno quite del sobresaliente a la salida de un par

Pase del pecho al hombro contrario...

...natural ajustado...

...derechazo...

...susto...

...bernardina...

..y pinchazo

El pase a los tendidos, con la fecha original

2 comentarios:

Miguel Moreno González dijo...

Has de sentirte orgulloso, José Luis, de tu cobertura de la temporada taurina desde tu blog, Extrapicurciela. Es ameno, didáctico, entretenido incluso en las tardes (la mayoría) aburridas, comprometido con el toreo (y el toro) de verdad... Por todo ello (y lo que me callo) eres un ejemplo que no dudo en seguir. Un recuerdo para tu padre, que tan acertadamente inspiró el título para el blog.
Enhorabuena. Nos vemos en los bares de Cadalso para que sirva de precedente.

cadahalseño dijo...

Gracias por darme ánimos, que siempre vienen bien, amigo Miguel.
El encuentro en los bares, o dispensadores de bebidas que dices tú, siempre es un momento placentero, más por la charla que por el líquido elemento, que también. Es precedente y procedente.
Mi padre inspiró un nombre impronunciable, pero sobre todo me metió en veneno en el cuerpo de los toros, y le costó unos cuantos años.
Un abrazo.

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