jueves, 18 de marzo de 2010

Prieto de la Cal en Cenicientos. 1985

El número 1 de la colección TIERRAS TAURINAS, dedicado a “Prieto de la Cal, los últimos Veraguas”, recoge lo vivido por su autor, André Viard, en Cenicientos, en su segunda corrida como matador de toros, con toros de esta ganadería. Así lo relata:

Cenicientos, 15 de agosto de 1985. Me acuerdo de haber llegado al alba al pie de los toros de Guisando. Después, el pueblo de fiesta, la plaza portátil con treinta centímetros de arena sobre el pavimento, el sorteo encima del camión y seis monstruos jurásicos atorados dentro, entre ellos cuatro jaboneros que apenas cabían en las jaulas, la casita al borde de un terreno baldío en la que habían hospedado a las tres cuadrillas… Me acuerdo también de la palidez de todos esos profesionales bien curtidos que habían venido a jugarse la vida en lo más lejano del Valle del Terror, de ese público delirante de las peñas, cuya única preocupación era hacer más ruido. Jamás olvidaré al primer jabonero que había lanzado al picador y a su montura contra el burladero, el cual se desplomó desestabilizando las gradas, provocando un reflujo de público hacia las filas más altas. Recuerdo que Frascuelo se había hincado para pegar una larga al hilo de las tablas, antes de tirarse un calvado al otro lado después de ser desarmado. Me acuerdo de que Gallito de Zafra estuvo heroico y también Frascuelo. Por mi parte, yo había tenido la suerte de matar pronto. Era la segunda corrida de mi carrera… Y sobre todo, recuerdo que al salir completos y por nuestro propio pie, mientras nos dedicaban una sonora bronca, ¡los dieciocho toreros estábamos conscientes de haber realizado una hazaña!
Los honores de portada de la revista son para un toro lidiado de cinqueño en Cenicientos, Friturero, del que considera que “no había dejado la huella que se merecía. De muy bravo y muy encastado que fue, te lo tildaron de duro en las crónicas, y en el boca a boca de las cuadrillas lo pusieron a parir ¡Claro! La bravura un tanto áspera siempre complica la vida. Pero sin ella no hay autenticidad.”

Nota: Publicado originalmente en el blog estrapicurciela
Comentarios a esta entrada

1 comentario:

lesaqueño dijo...

Era divino sentir las acometidas de los morlacos contra las tablas en la portatil de Cenicientos.
Que sensaciones. Nunca pude ver a los Veraguas.
Gracias por esta reseña. Aunque es una faena volver a recordar esto, porque sé que jamas lo voy a volver a sentir; ese crujir es irrepetible. Era como darle a la suerte de varas otra dimension

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