sábado, 1 de octubre de 2016

Toreros machos. Las Ventas, uno de octubre de 2016

Se ha cuestionado en esta Feria de Otoño el mano a mano de Curro Díaz y de José Garrido. Quizás haya razones para ello, pero no ha de olvidarse que las figuras tiempo ha borraron cualquier compromiso en Las Ventas a final de temporada. Incluso un triunfador de agosto, Javier Jiménez, parece que desechó su comparecencia en el cartel. En cualquier caso, en esta España donde todo se cuestiona no iba a ser menos Madrid, y hasta se denuncia que un habitante del callejón, sea o no profesional, saltase al ruedo al ruedo para intentar auxiliar a un torero en apuros, cortando a un toro que perseguía a Curro Díaz, porque EL REGLAMENTO TAURINO lo prohíbe. El arte no debe reglamentarse, y el marco donde se desarrolla, tampoco. Allá donde hay un Reglamento siempre hay alguien que olvida su finalidad y quiere imponerlo contra toda razón. En Las Ventas, “reglamentistas” no faltan, aún cuando el sentido común  aconseje evitar un riesgo contra la letra de un Reglamento. En Derecho penal y sancionador, las eximentes de estado de necesidad y defensa legítima son un ejemplo para los integristas de la literalidad

Curro Díaz y José Garrido salen por su pie de una batalla dura

Estimado Cadahalseño:

No he mandado a mis hombres a luchar contra los elementos, es la frase que se atribuye a Felipe II para explicar la derrota de la Armada Invencible. Algo así debieron de pensar Curro Díaz y José Garrido al salir por su pie de la plaza. ¿Cómo esperar que una corrida del Puerto de San Lorenzo salga áspera y peligrosa? La esperanza era que saliese otro “Malagueño” u otro “Cubilón”, como en la pasada Feria de San Isidro. Y si no, que saliese el clásico manso del encaste, que se abre o rehúye la pelea, pero nunca con especial peligro.

De forma sorprendente, ha sido una corrida frailuna la que ha devuelto la emoción a la plaza, no con bravura, ni siquiera con genio, sino con peligro, con mansedumbre de mala clase. Pero ha puesto emoción, algo inherente a la Tauromaquia hasta la mala hora en que se impuso el toro comercial, con toreabilidad, que coloca la cara, que se deja dar cien pases y muere sin enterarse de qué iba esta guerra.

Ya sé, amigo Cadahalseño, que para los de luces es plato de mal gusto y que no soy taurinamente correcto. Pero piense las veces que ha oído que este toro educado de hoy en día es el causante de la deserción de la afición, de la falta de interés de la gente y de la ausencia de enganche de la gente joven.

Hoy no oí ese amanerado bieeeeeeeeeen del taurineo en los pases, sino el ¡ay! en las muchas situaciones de riesgo y el ¡olé! cuando Curro Díaz impuso su arte.

El de Linares, habituado en los últimos tiempos a los hierros duros, no volvió la cara ni recurrió a alivios. Se fajó con un primero que terminó muy complicado, dando tarascadas, quizás porque no acertó a dominarle en una segunda serie tropezada, tras una buena primera de tanteo, en la que sobresalió un lento y bellísimo natural. Más brusco y con peores ideas fue el tercero, al que plantarle cara con verdad le costó dos revolcones de los que salió milagrosamente ileso, y de los que se sobrepuso para sacar trincheras de cartel. El feo quinto fue un toro rajado, sin casta ninguna y que salió olisqueando el suelo hasta que Montoliú salió a desengañarlo. Después, el diestro hubo de perseguirlo por toda la plaza, sin resultado alguno. En sus tres toros se volcó con el acero.

El de Badajoz enlotó un impresentable buey, que ni para la calle habría valido. Un espécimen para la carreta que nunca debió salir al ruedo de la primera plaza del mundo, al que Garrido sacó todo lo que llevaba dentro, que era casi nada. Para colmo de males, el cuarto fue el más malaje, de esos mansos semirajados que en cada pase buscan chicha y que aprietan a los que ven en fuga. Lo cogió feamente durante la faena, no se arredró, le puso el pitón en el pecho al entrar a matar y después, cuando lo vio en apuros, hizo por él. A esta joya hubo de liquidarla Curro Díaz con la cruceta, por pasar el pacense a la enfermería. Y allí estuvo recomponiéndose hasta el sexto, para salir a matar a un sexto soso, que humillaba sin codicia ninguna, para sacar unos pases a base de quedarse en el sitio y ligar sin perder pasos, algo hoy que comienza a ser insólito. Entró con verdad a matar, pero solo acertó a su segundo.

Verá usted que no le hablo del capote. Eso fue casi un imposible porque los seis toros, seis, salieron abantos y desentendiéndose de los engaños, algo típico del encaste, aunque no tan acusado. En el peto, salvo el primero, mansearon en menor o mayor medida.

No quiero despedirme de usted sin destacar al Algabeño con los rehiletes.

Y termino acordándome del trago que habrán pasado los ganaderos, a los que se les oscurece el panorama.

Siempre suyo afectísimo.

El tío Puntilla.

Cuadro de puntuación de la corrida de El Puerto de San Lorenzo


LA  TARDE  TRAS  EL  VISOR

Buena entrada para el mano a mano


Curro Díaz corresponde a la ovación del público,
recordando su salida por la Puerta Grande en marzo


Primero de la tarde


"Montesino I" en el Puerto de la Calderillas, seis meses antes


El toro empujó al caballo de Valle Quinta con la cara alta


Manuel Muñoz no está afortuunado


Cite a pies juntos de Curro Díaz


Estocada, sorteando el derrote


Lleno en el palco del Ayuntamiento


Apuros de Aitor Sánchez en el segundo


Buen par de Javier Valdeoro a "Joyito"


José Garrido hace estirarse al buey


Tercero de la tarde, de buena familia


Manuel Muñoz: Tira el capote y corre


Pasillo de Curro Díaz y Pablo Pirri


Quite por chicuelinas de José Garrido, único de la tarde


Pureza en el cite de Curro Díaz a "Langosto"


Secuencia de la primera voltereta...


...y de la segunda


Pinchazo en el primer intento...


...y carrera, con Sebastian Ritter, de paisano, intentando hacer el quite


Tarde soleada, calurosa y ventosa


Remate del saludo de Garrido al tercero


Abraham Neiro, "Algabeño", tras clavar en la cara


Garrido obliga a "Montesino II" en el inicio de faena


Secuencia de la primera cogida


Garrido no se arrugó y acorraló al toro...


...aprovechando su querencia


Secuencia de la segunda cogida, al entrar a matar,
con el pitón derecho por dentrod e la chaquetilla


Secuencia de la tercera cogida, que le llevó a la enfermería


Curro Díaz hubo de liquidar al malaje


Jesús María Gómez no tuvo problemas


Montoliú hubo de salir a desengañar al quinto

Mansedumbre clamorosa de "Macetero"


Curro Díaz inició la faena sentado en el estribo


Sabor...


...y arte


El de Linares se volcó con la espada


Sexto de la tarde


Curro Sanlúcar cuida a "Langostero"


Inicio de faena de Garrido, tras salir de la enfermería


Fallo a espadas

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