miércoles, 21 de septiembre de 2011

Premios de la feria de Cadalso de los Vidrios

El Jurado de la IX edición de los premios de la Feria Taurina del Cristo del Humilladero, celebrada entre los días del 14 al 17 de septiembre de 2011, ha otorgado los siguientes premios:

> Premio “Racimo de Oro” al Mejor Novillero: ALBERTO LÓPEZ SIMÓN, por su actuación ante los novillos de FUENTE YMBRO, en la que obtuvo cuatro orejas y un rabo.

Alberto López Simón,
 momentos antes de comenzar la novillada

> Premio a la Mejor Estocada: VÍCTOR BARRIO, por la estocada recetada a “Vistoso”, de la ganadería de FUENTE YMBRO, corrido en segundo lugar en la tarde del 16 de septiembre de 2011, tercera de feria.

Víctor Barrio, en la puerta de cuadrillas

> Premio al Mejor Novillo: “VISTOSO”, de la ganadería de FUENTE YMBRO, lidiado en segundo lugar en la novillada de 16 de septiembre de 2011, tercera de feria, premiado con la vuelta al ruedo y que correspondió a VÍCTOR BARRIO.

"Vistoso", antes de entrar al caballo

Además, por su extraordinaria actuación en la feria, el Jurado ha propuesto la concesión de dos accésits a:

> FRANCISCO TAPIA, picador de la cuadrilla de VÍCTOR BARRIO, por la vara puesta al mencionado “Vistoso”.

Francisco Tapia,
preparándose para hacer el paseíllo

> DAVID PEINADO “CHETU”, tercero de la cuadrilla de ALBERTO LÓPEZ SIMÓN, por el segundo par de banderillas clavado a “Observador”, tercer novillo de la citada tarde del 16.

"Chetu", haciendo el paseíllo

sábado, 10 de septiembre de 2011

Amabilidad taurina. Villa del Prado 9 septiembre 2011

La plaza de toros Los Álamos de Villa del Prado es cómoda y amable. Cómoda, por confortable para los espectadores; y amable, por benévola con los toreros. Conviene advertir a los no avisados que en tardes calurosas -que suelen ser todas en estos primeros días de septiembre- hay que llegar con mucha antelación si uno no quiere vérselas con un sol justiciero. En esta zona no son precisamente baratos los precios, y la novillada picada salía a 18 euros del ala.



Al entrar en la plaza se observa muy cuidado el albero y se reparte un lujoso programa de mano. Pero falla lo fundamental: el programa no informa de las modificaciones del cartel, ni da detalles de las cuadrillas ni de los novillos. Si a ello añadimos que en tardes como la de hoy se ha sustituido a uno de los novilleros anunciados y dos de los novillos no pertenecen a la ganadería titular, el defecto se hace más ostensible. Para remate, el pequeño cartel que en taquillas informa de la sustitución de Daniel Morales tiene una errata en el nombre del sustituto, Iván Abasolo, y calla sobre el cambio de dos novillos, y además no hay tablilla anunciadora de los datos básicos de cada novillo. Son pequeños detalles que poco cuesta vigilar.

El pañuelo blanco se convirtió en el protagonista de la tarde

La novillada era la primera de las Fiestas de Nuestra Señora de la Poveda, que se había reservado para la ganadería local de Blanca Hervás, de encaste Núñez, vía Apolinar Soriano. Cartel que al final se remendó con dos novillos (primero y quinto) de una ganadería de la Unión, no identificada inicialmente (y que resultó ser la de Valdemoro). La presentación, excesivamente desigual con utreros de aceptable presentación, como primero, segundo y cuarto, y otros con falta de trapío, como un tercero cornicorto y apretado de cuerna, y un quinto que cualquiera habría confundido con eral de cebadero.


De los diestros que encabezaban el paseíllo repetía Raúl Rivera, triunfador de la Feria 2010, y lo hacían desmonterados el más antiguo y el más moderno: Iván Abasolo y Luis Gerpe, respectivamente. Los tendidos estaban cubiertos en su mitad (unos 1.800 espectadores) y la tarde fue calurosa, soleada y calmada.

Al navarro Abasolo, la taleguilla, azul celeste, le cae grande. Téngalo en cuenta su apoderado, Raúl Montero. Y en mala suerte le cayó un primero, burraco y de preciosa lámina de Valdemoro, que salió distraído, no apretó en varas, se astilló los pitones, flojeó y se rajó descaradamente a las primeras de cambio. No quedó otra que trastearlo en la puerta de toriles, a los tardíos sones del Gato Montés, y liquidarlo de media tendida. Y en desgracia (para el ganadero) le cayó un cuarto de la ganadería titular, muy en el tipo del encaste, al que castigaron excesivamente en sus dos entradas a los caballos, y que metió la cara bien en la franela, a pesar de la mala brega y el horrible segundo tercio, con pares desigualados, a la media vuelta o al relance. Pero la faena, con Nerva de fondo, fue dentro de las rayas, ahogando al novillo y muy movida. Lo que hubiera dado de sí en otras manos nunca lo sabremos. Miguel Álvarez, el Cadalseño, su mozo de espadas, le entregó la espada de verdad para que Abasolo la dejase atravesada en lo alto del mocito.



A Rivera, de azul marino y oro, no le humillaron sus novillos. Ni el segundo, de Hervás, playero, aleonado y altote, ni el feísimo y pastueño quinto, de Valdemoro. Banderilleó a ambos, cosa que bien pudo haberse ahorrado. Al segundo, que salió distraído, le sacudió el de puerta en la suerte de la carioca, mientras cabeceaba, y nada pudo hacerle en la faena de muleta, pues solo buscaba la huída, aunque la chalequera que le infligió el de Yeles no tiene perdón. El quinto carecía de codicia, también cabeceó en el peto y dejó estar, sin emoción alguna, a un Rivera que acabó agarrando el pitón y con pases circense. La estocada, entrando por derecho, le quedó tendida. Con todo y esto, le regalaron sendas orejas. ¡Válgame Dios!



A Luis Gerpe, de rosa y oro con cabos negros, hay que seguir viéndole. ¡Qué feo era el tercero de la tarde! Cornicorto, abrochado, degollado y agalgado. Llegó suelto y al relance al caballo, sin emplearse y sin codicia en el quite artístico. Aseada fue la faena, con más toreo de adornos que fundamental, rematada con manoletinas y abaniqueo florido. El estoque cayó bajo y resultó desarmado, siendo necesario un golpe de cruceta. Lo mejor de la tarde fueron las verónicas de saludo al gachete sexto, rematadas con una media un tanto amanerada. Empujó el toro en el caballo de puerta, y el de brega cumplió. Quedó el utrero sin recorrido por su escasa fuerza y en uno de sus tambaleos derribó al de Seseña que se levantó conmocionado y cojo. Volvió al recurso de las manoletinas para concluir el trasteo y esta vez la espada quedó delantera y tendida, topando. En total se llevó cuatro generosísimos apéndices en el esportón y no se gastó un euro en banderillas, lo que le pudo costar un percance en la faena al tercero. Y para colofón, Gerpe sacó a dar la vuelta al mayoral y al ganadero, que para eso estaban en su pueblo.



Una curiosidad: los varilargueros de Gerpe no saludaron a la Presidencia al despedirse del sexto y me pareció que por ello quisieron tomarles nota, y, sin embargo, no pareció tomarse medida alguna con las cuadrillas de Abasolo y Rivera, echando al público encima de la usía para que concediese orejas. Y una consideración: el Reglamento taurino establece que en el segundo tercio los banderilleros actuarán por turnos; es decir, para mantener la paridad entre los tres banderilleros de la cuadrilla, ha de realizarse un mínimo de tres entradas en cada novillo, sin que sea suficienre que se claven cuatros palos en las dos primeras entradas para cambiar el tercio, como ocurrió en primero, tercero y sexto de la tarde.
A las 20.16 terminaba el festejo y salíamos de la plaza Mila, Marta, Julián, Ignacio, Alexis, Anto, Gero y un servidor algo cariacontecidos y resignados. ¡Otra vez será!

Cuadro de puntuación de la novillada de Blanca Hervás en Villa del Prado el 9/09/2011

jueves, 8 de septiembre de 2011

Un cartel taurino a destacar: Villa del Prado 2011

Asistimos a la decadencia, próxima al ocaso, de la suerte de varas, que no es hoy sino un mero simulacro en la mayor parte de nuestros cosos. Si a eso añadimos que la pelea en varas no es el comportamiento que más se valora en las tientas y que en las crónicas taurinas ni siquiera suele mencionarse nada al respecto, no puede ser más sombrío el panorama para los que consideramos esta suerte como fundamental para valorar la bravura de los toros de lidia.

Y precisamente por ser este el estado actual de la suerte de picar, sorprende gratamente encontrarse con un cartel de toros que recoge un puyazo como elemento central de su composición.

Por ello, desde aquí quiero felicitar al Ayuntamiento de Villa del Prado (Madrid), organizador de la feria taurina 2011, por el acierto en el diseño de su cartel anunciador. Eso sí, sobra gente en el callejón apoyada en la barrera.

Por cierto, que intentaré ir el viernes 9, si mi rodilla lo permite, porque tengo interés en ver de nuevo a Luis Gerpe.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Pregón taurino de Boadella en Albacete

Albert Boadella es un personaje que suscita interés más allá de sus creaciones teatrales. No es fácil hoy ser antinacionalista en Cataluña ni defender públicamente la Tauromaquia frente a la seudoprogresía española.


Él, por su antinacionalismo catalanista, ha sido literalmente "expulsado" de Cataluña por no ser "buen catalán". Y encima es aficionado a los toros. Imperdonable. No entiendo una palabra de "catalanidad" y por eso no puedo opinar sobre la bondad o malicia de Boadella. Pero sí puedo decir que reflexiona de forma lógica sobre los toros, y esta cualidad no crean que es fácil de encontrar. Y menos aún es encontrar a gente con personalidad que nade contra corriente por propia convicción.

En su pregón taurino de las fiestas de Albacete de 2011, Boadella enumera y desarrolla su decálogo de razones por las que le gustan los toros: 
  1. Exaltan la individualidad.
  2. Los toros representan la más completa metáfora de la vida. Lo que acontece sobre la arena son los hechos esenciales que mueven nuestra existencia.
  3. No se trata simplemente de un espectáculo (...) El toreo es rito antes que espectáculo.
  4. Los toros son pura poesía.
  5. La condición efímera de una lidia.
  6. La tauromaquia se mantiene despegada de la moda.
  7. Prima el mérito.
  8. El ritual taurino venera la naturaleza.
  9. Implanta una forma de pueblo soberano.
  10. Tenemos los anti taurinos.
Yo les he enumerado las razones, pero lo interesante y recomendable es la lectura del pregón completo en su blog de Els Joglars, que se inicia con una frase que tiene mucha enjundia:

"Estaremos todos de acuerdo que torear es engañar al toro pero sin mentir. Con la verdad oculta tras la muleta."

jueves, 18 de agosto de 2011

Mucho calor y poca casta. Almorox 17 de agosto de 2011



Bajar a Almorox en pleno ferragosto y sentarse en el tendido de su plaza portátil a las 6 y media es para echarle valor. Pues a Julián no me costó convencerle ni un segundo.

Los de la "acorazada" esperando a la sombra

De Albacete vino una bien armada novillada de Los Chospes, de la línea Daniel Ruiz, pero escasa de fuerza y de casta. Tanto dejaron que desear que en una plaza amable como esta sólo se paseó una oreja.

Los tres espadas, desmonterados

Poco pudo hacer Víctor Abad con el primero, un castaño que claudicaba y sin apens recorrido. Trató de calentar al respetable (cómo si alguien pudiera estar frío a cerca de 40 grados a la sombra) con toreo galerista. Concluyó con pinchazo y estocada baja, yéndose de la suerte.


Algo terciado era el también castaño segundo, que metió bien la cara en el saludo lucido de Raúl Rivera. Tras un picotacito y dos desarmes en el quite, banderilleó aceptablemente el propio novillero. El novillo, aunque fue a menos, sobre todo defendiéndose por el izquierdo, dio alguna oportunidad que no supo aprovechar el espada, abusando de alivios y no consiguiendo llevarlo tapado para embarcarlo en la muleta.


El tercero estaba más cuajado, pero lucía muchas sospechas en sus pitones. Nada puede decirse pues apenas se sostenía en pie, el tercio de varas fue un simulacro, y estaba ayuno de casta. Una estocada atravesada y dos golpes de verduguillo necesitó Javier Jiménez para despenarlo.


En el ecuador de la novillada es costumbre merendar y nos invitaron a ello Domingo y Jesús, entrañables amigos almorojanos, siempre atentísimos, aunque sólo aceptamos una cerveza deliciosamente fría.

Al veleto cuarto lo recibió Víctor Abad con faroles de rodillas a dos manos. Tenía un puntazo al lado de la marca del hierro y parecía tener problemas de apoyo en los cuartos traseros. Empujó en el peto con la cara alta, pero sin codicia y le cuidó el de aúpa. Quedó descompuesto en banderillas y no humilló en la muleta, punteando y algo revoltoso, pero acudiendo al cite. El espada anduvo con dudas, bailón y sin ideas. Tampoco anduvo lucido con los aceros.


Jugó bien los brazos Raúl Rivera en el saludo al quinto, pero con pasito atrás. Cayó baja la vara y apenas le castigó el varilarguero. Volvió a banderillear el espada, repitiendo las mismas suertes de dos cuarteos y un violín. No hubo más que una serie de muleta porque el morito se paró. La estocada quedó atravesada or el alivio en la ejecución.


 El veleto y astifino sexto no tuvo más que planta, porque no dio juego alguno en peto, palos y muleta y puso el negrísimo broche de echarse, no da otra opción que la ignominia de tener que ser directamente apuntillado a las 8 y 35 de la tarde.


El remate fue en el bar del "Chulo" frente a la preciosa picota de la plaza, con Chus, Marti, Domingo y Jesús, como en los viejos tiempos.

Cuadro de puntuación de la novillada de Los Chospes el 17/08/2011 en Almorox

martes, 9 de agosto de 2011

Sotillo Gutiérrez: la huída al monoencaste


El número 37 de la revista Taurodelta incluye un artículo de Joaquín López del Ramo sobre la historia de la ganadería de Sotillo Gutiérrez.

El autor narra sus orígenes (Esteban Hernández) y su evolución hasta la actualidad; evolución que no es sino la crónica de la huída de su encaste santacolomeño (con añadido de Albaserrada, vía Escudero Calvo) al actual de Domecq, una vez fallecida su propietaria, doña Venancia Hernández Pla, que fuera alma de la ganadería desde 1953 hasta 1987.

Al artículo le sobran algunas frases despectivas (Los años 90 transcurrieron con pocos resultados destacables, a pesar del apoyo del demagógico sector “torista”) y le falta completar la lista de fincas donde pastaron las vacas y sementales de la ganadería con la de "La Sierra", en Cadalso de los Vidrios.

Me consta que un gran aficionado, Roberto Cordero, emparentado con quien fuera el mayoral durante décadas, Paulino, está realizando un trabajo recopilatorio de datos sobre la ganadería que espero en un próximo futuro vea la luz.

lunes, 8 de agosto de 2011

"El Lechuga", de Gutiérrez Solana (Miguel Moreno)

José Gutiérrez Solana nació en Madrid un Domingo de Carnaval de 1886 y murió en esta misma ciudad en 1945 al crepitar las hogueras en la noche de San Juan. Se le considera el creador de un expresionismo peculiar y trágico. Creo que se acercó a los toros, como dicen que hizo con todos sus temas, con sinceridad, sentimiento y ternura. Nos descubrió la visión angustiada del trágico desatino y del reto absurdo, despiadado y heroico que suponía el toreo de su época. Su cuadro “El Lechuga” me conmueve hasta darme un vuelco el corazón porque combate el dolor con la belleza del arte.

Retratos del torero Isidoro Carmona “El Lechuga”

“El Lechuga” está en pie sobre un paisaje castellano. Es un pueblo de la Meseta , situado en una hondonada con iglesia y plaza de toros. En casi la mitad del cuadro, se dibuja un cielo ocre-anaranjado de nubes presagiando tormenta. “El Lechuga” no es un torero famoso y consagrado ni aspira ya a serlo. No es tampoco un torerillo soñador y ansioso de alcanzar el triunfo algún día. No es de esos que fuerzan su figura y se empavonan gallardamente para que, ya que no la fama, tengan al menos el garbo de los consagrados. “El Lechuga” no esperaba nada de esa tarde gris y tormentosa, ni espera nada del futuro mientras intenta olvidar su entrañable pasado. A él también le esperan en su pueblo. Mas quienes le aguardan son el mulo y el arado después de esa jornada de disparate torero. Si te fijas observarás que no estira el capote ni trata de que parezca lo que no es. No muestra los bordados de su vestido raído -ya sin fulgor- sudado por miles de miedos mesetarios generados en pueblos como el nuestro. Arruga indolente el percal en su brazo como un trapo y se apoya, displicente y torpe, a modo de bastón, sobre dos banderillas usadas manchadas de sangre y temor, como las que yo tengo en mi casa cadalseña. No abriga ningún aliciente, ni cobija esperanza inmediata, ni alberga brillo alguno en su mirada. Su rostro refleja las vertientes de sus innumerables fracasos y se le adivina un tenue, muy tenue, destello fugaz de gloria.

“El Lechuga” es un torero sin grandeza que tiene su corazón endurecido pero lleno de curvas cariñosas. Sólo expone libremente su desgarradora verdad que se hace emotiva y conmovedora según los nubarrones van obscureciendo todo… hasta encoger su ánimo. Ni siquiera hay muerte a cuernos de un toro. Ni siquiera una imagen divina que palie y se apiade de su derrota. Ni siquiera una mujer que cure y acaricie sus heridas con infinitos susurros de ternura al abrigo de su hogar.

“El Lechuga” ya no cree en nada a fuerza de haber creído en todo cuando era joven y toreaba a la miseria en su pueblo con la muleta permanente de sus sueños. “El Lechuga” ha caído derrotado y lo sabe, se resigna apenado. Se viste de verde esperanza recordando la que tuvo de niño, pero ahora le da vergüenza reconocerlo y por eso intenta taparlo todo con los bordados negros del terno que ocupan mayor superficie que el verde. Y de ese jaez se deja llevar por un destino desolado que nunca buscó pero que éste, paciente, le encontró a él desamparado al atardecer de una tarde veraniega de toros pueblerina… y se fajó inmisericorde con él.

Cuando empiezas a pensar a solas contigo, asumes que la vida acaba siendo la percepción cruda y real de una derrota aceptada. Isidoro “El Lechuga” hace mucho tiempo que lo descubrió y de ahí su sempiterna melancolía. Y la mía.

Miguel MORENO GONZÁLEZ

Me corto la coleta

Puede parecer pretencioso servirme de esta frase, reservada para los que del enfrentamiento con el toro han hecho su oficio, pero permítase...