viernes, 11 de julio de 2014

La tauromaquia "leída" por un rebelde: Luis Francisco Esplá


En la Casa del Lector, de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, en el Matadero de Madrid, el maestro Luis Francisco Esplá se sometió a una entrevista pública de José Vicente Quirante, dentro del ciclo "Lecturas insólitas". Aplaudido de entrada y ovacionado de salida, estas son algunas de sus frases y reflexiones, tal como las recuerdo, aunque desgraciadamente no tienen la brillantez expositiva del personalísimo maestro, dentro y fuera del ruedo.
  • El arte es la continúa búsqueda de la recóndita calidad.

  • Vivir desde niño en un ambiente de toros (su padre tenía una escuela taurina), con vacas incluso donde jugabas al fútbol, te enseñaba algo de su comportamiento, sus respuestas y por qué tienden a ir hacía unas zonas determinadas como si estuviera el terreno cuesta abajo. Hoy el torero ha evolucionado y el toro ha perdido buena parte de esa animalidad y se ha convertido en algo mucho más previsible.

  • El toreo ahora es más plano, se ha uniformado en toros y en toreros, como si se hubiera "globalizado".

  • Ser padre de un torero es muy duro porque tú ya sabes los obstáculos que se va encontrar tu hijo. Más hoy que ha desaparecido el circuito de novilladas de los pueblos, que no era fácil, y han de jugarse todo a una carta en las Ferias.

  • Percibimos la enfermedad de mi padre, el alzheimer, precisamente el mismo día en que se derribó la placita de su escuela taurina. Llegamos y le vimos allanando el ruedo con el rastrillo y nos explicó que iba a venir gente y no podían encontrarse eso así.
  • El enemigo del empresario es el torero. Madrid ha sido mi defensa contra los empresarios. Si estaba mal en San Isidro me esperaba una lucha con ellos. Así que en ese caso volvía a Madrid en verano, en otoño y, si hubiera sido posible y necesario, hasta en Navidad y en Reyes.


  • Mi despedida de Madrid con "Beato" (hoy ya "Santo" por haber hecho aquel milagro), fue firmar la paz definitiva con la plaza. No he visto nunca la faena, ni lo voy a hacer hoy [no se vuelve a mirar la pantalla], porque quiero tener el recuerdo de la respuesta de los tendidos. Es cierto que Madrid es duro y exigente.
  • En Sevilla mi toreo no encaja con lo que allí gusta, aunque tampoco me ha salido nunca un toro excepcional. Solía torear la de resaca y ahí solo era: "ponlo, ponlo" y los toros se quedaban sin posibilidades para la muleta.

  • En Pamplona estuve 14 años sin torear porque una tarde abandoné el tercio de banderillas cuando una botella de champagne cayó silbando sobre mi cabeza. La cogí, me fui al sol y la tiré al suelo y seguidamente hizo lo mismo con las banderillas. Me llovieron más botellas y se armó tal escándalo que nada más concluir la corrida vino Alfonso Navalón y me aconsejó salir por pies de allí, porque de lo contrario me matarían. Me negué, porque si hay que morir, hacerlo mejor sin huir; llegué al patio de cuadrillas, que estaba lleno de gente, y vi venir a un auténtico gorila, enorme, abriéndose paso y gritando: ¿dónde está el Esplá?. Yo me dije, bueno, ya está, este me va a arrear bien. Le di mi capote de paseo al mozo de espadas, mi montera a un compañero, me puse las manos atrás, sin ánimo de defenderme, y le dije: venga, pégame. El tiarrón aquél,al verme así, se paró, bajó la cabeza sin decir nada, y se fue. Cuando volví después de esos 14 años me preguntaron la razón de mi regreso y les respondí que porque ahora están en la sombra los que estaban entonces en el sol y ya se han civilizado. No es de recibo tampoco que a un subalterno mío, al que el toro le metió un cornalón en el tórax, mientras le llevaban por el callejón con un boquete que interesaba el pulmón y el hígado, le fueran arrojando fruta.

  • En Alicante pudo haber rivalidad con Manzanares, que habría sido bonita, incluso con manos a manos, pero él se negó, no porque temiera que pudiera estar yo mejor, porque ha sido un gran torero, pero no le dejaron sus celos y su soberbia.


  • El toro "Dadito", de Miura en Valencia es uno de los toros con los que he tenido la sensación de verme torear desde fuera, como si alguien manejara todo aquello. Pedían el indulto y yo lo pinché tres o cuatro veces. Esa faena solo la supieron ver Joaquín Vidal, Vicente Zabala y el de la agencia EFE. Curiosamente, esa tarde de julio de 1982 fue la única en que he tenido que salir de la plaza escoltado por la policía, porque en el segundo toro no quise poner banderillas.

  • He intentado no acercarme mucho a los periodistas taurinos. De esta forma ellos no se ven tentados a escribir sin molestarme y yo no me siento defraudado cuando lo leo.

  • En las faenas a los toros hay música (a propósito del libro de Bergamín), sin que sea necesario tener conocimientos de ella para percibirla. Hay allegros, andantes, etc.
[A preguntas sobre tres escritores alicantinos:]
  • Azorín, por aquello del Régimen, aparecía mucho en los textos de los libros escolares de mi época de niño. Creo que no era el momento de leerlo. Por eso, nunca más lo he hecho.

  • A Miguel Hernández lo descubrí porque algunos amigos me pedían que trajera sus obras en mis viajes a América, cuando sus libros estaban prohibidos en España, y desde entonces fue mi poeta favorito, hasta que leí una obra de Gabriel Miró, "El obispo leproso", y corrí a comprar sus obras completas. 

  • Cuando despertaba de la anestesia después de una cornada, me daba alegría pensar que durante unos días podría leer cuándo y cómo quisiera.


  • El círculo del ruedo es la contención de la violencia del toro, no tiene esa forma solo por evitar querencias. Sólo en dos momentos, al picar y en la suerte suprema, ha de mostrarse esa violencia.
  • En el mediterráneo se ha buscado durante siglos la fiereza, seleccionando al toro con esa finalidad, a diferencia del resto de mundo en que se ha tratado de eliminarla y de domesticar al animal. Quizás sea por esa forma de ser, del gusto por el juego y por lo efímero.
  • En el toreo se da una circunstancia que exige mucho entrenamiento. Es una actividad donde el movimiento del cuerpo se rompe en la cintura. En los deportes, lo normal es que todo el cuerpo responda uniformemente; por ejemplo, en el tenis cuando se golpea la pelota hay un movimiento de elongación desde la punta de los pies hasta la mano que sujeta la raqueta y mueve la muñeca en el último momento; en halterofilia cuando se levantan las pesas todo el cuerpo está en contracción. El torero, cuando da un pase, tiene las piernas asentadas, firmes, y de cintura para arriba tiene que realizar un movimiento elástico, y esto solo puede conseguirse a base de mucho entrenamiento, de mucho toreo de salón, ese que es el perfecto porque no hay toro que conducir. Morante es el ejemplo. Otros no lo hacen y por eso torean tanto con los hombros.


  • En el Parlamento de Cataluña traté de explicar que la tauromaquia es una forma más de alejar al hombre de la la percepción de la fatalidad de su destino, como los son la religión, el arte o el amor.

  • Hoy se quiere esconder la muerte y la sangre, hacer como que no existe, y en los toros se muestra en directo, sin el filtro o "preservativo" del cristal de la pantalla del televisor, que lo atenúa tanto que podemos ver fusilar a alguien mientras seguimos comiendo.
  • El toro sufre, pero la selección ha ido adaptando su cuerpo a ese sufrimiento para reducirlo. Para ello, su cuerpo produce una gran cantidad de endorfinas, que según estudios científicos, supera en más de seis veces a la que pueden producir los caballos de carreras cuando tienen mayor estrés. Es algo semejante al corredor de fondo que, por su entrenamiento, ha conseguido poder adaptar su cuerpo a ese tremendo esfuerzo sostenido.


  • Mis colores siempre han estado en relación con el de la sangre del toro. Por eso nuca he tenido un traje verde, porque es complementario al rojo. El Cordobés, sin embargo utilizaba mucho el verde, quizás por ese motivo. Por el contrario, utilicé mucho el azabache, también como respuesta durante un tiempo a una observación de Vicente Zabala, que escribió reprochándome el traje de azabache, que eso era propio de subalternos, y durante un tiempo no vestí oro.

  • No soy supersticioso, pero he tenido que convivir con la superstición que abunda tanto en el mundo del toro. De hecho, mi mozo de espadas sí lo era. Por eso nunca vestí de amarillo e, incluso, durante un tiempo no me dejaba utilizar el traje de alguna tarde en que había sufrido una cogida. Si le preguntaba dónde estaba ese traje, me respondía: Está purgando, como si hubiera adquirido un maleficio del que se tenía que despojar.
  • Nunca me han afectado mucho personalmente ni los triunfos ni los fracasos. Es famoso el verso de KiplingSi te encuentras con el triunfo y la derrota y a estos dos impostores los tratas de igual forma. Lo que me ha repercutido siempre es la felicidad o la tristeza que ello suponía en mi entorno. La fama que trae esto consigo a mí me pica como la sarna.
Nota: Enlazaré a la pagina cuando se publique el vídeo de la entrevista.

2 comentarios:

Miguel Moreno González dijo...

¡Magnífico! Este torero demuestra que el toreo es la grandeza del arte. ¡Enhorabuena!

William Guzmán dijo...

Muy interesante Torero fuera y dentro de la plaza. Gracias!

Toricos inofensivos de Adolfo Martín. Teruel, 8 de julio de 2017

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