domingo, 3 de octubre de 2010

La corrida que no vi. Las Ventas 2 de octubre de 2010

No fui a la corrida de Torrealta porque coincidió con un evento de asistencia inexcusable: la boda de mi sobrina María Jesús y de mi admirado Rafa Carlevaris.

Y poco antes de las 6 de la tarde, aún sentado en la mesa, recibo un inesperado sms de Miguel Moreno. Su texto:

JUAN MORA: ¡TORERO!

Huelga decir que inmediatamente marqué el número de Miguel, quien, con voz que dejaba bien a las claras su emoción, me resume que Juan Mora ha hecho una faena de torero veterano, de sabor clásico y añejo, de pocos pases, siempre con torería, y tras una tanda de naturales, sin solución de continuidad, ha armado el único estoque que usa, el de verdad, y ha dejado al toro patas arriba: dos orejas. Me faltó tiempo para poner altavoz a la noticia.

Una hora después, nuevo sms de Miguel:

¡ARREBATADOR!

Nueva llamada y Miguel me habla de naturalidad y de que quedamos en paz, porque él no pudo ver la despedida de Esplá: una oreja.

Me dicen después otros magníficos aficionados que Curro Díaz cortó una oreja por algún pellizco, un arrimón y una estocada y que Morenito de Aranda cortó otra porque toda la plaza remaba a favor desde el primer toro. Y me añaden que si la tarde se analiza con la cabeza, dejó que desear, pero si se cuenta con el corazón, fue de no olvidar. Y aquí lo que vale son las emociones.

A María Jesús y a Rafa se lo perdoné, como no podía ser de otra manera.

ADDENDA. La corrida que sí vio Miguel:

LLEGA JUAN MORA

...Y en esto llega Juan Mora. Cuando algunos llevábamos la mayoría de ésta -y de muchas temporadas- dormitando, otros charlando apaciblemente y los demás pendientes de sus asuntos personales, o del tiempo, o del móvil o del ti@ buen@ de enfrente... Se hace presente Juan Mora y brotó la luz embriagadora de la torería y a todos nos puso de acuerdo. Sí, TORERÍA, con mayúsculas. No entro a analizar si sus faenas eran o no merecedoras de orejas; eran arrebatos del sentimiento y ahí no hay valoración material que valga. ¿Qué importa eso cuando hay torería? ¡TORERÍA!, bella palabra en desuso o desconocida por la practica generalidad del escalafón taurino. Hay cosas que parecen que a uno le sirven de presagio de las maravillas que están por acontecer. Me ha sucedido varias veces. En esta ocasión, también. El jueves 30, observé a Mora en el callejón de la plaza viendo la novillada, tocado con una chaqueta veraniega "mil rayas", más tarde volví a encontrarme con él en el patio de arrastre y al rato en el vestíbulo del metro de Ventas, despistado y solitario (Mora y servidor) buscando -supongo- como entrar entre tanto gentío a la estación. Y no sé, pero intuí que seguramente iba a ofrecernos algo trascendental el sábado 2-10-2010, mientras dudaba si dirigirme a él para -simplemente- desearle suerte. No me decidí y seguí mi camino recordando, si la memoria no me falla, sus actuaciones como novillero en Cadalso en 1981 y 1982 y como matador en 2001. Más tarde volví a coincidir con Mora en la televisión, "La 10", sobre las 23h. participando en uno de esos programas en los que se debatía sobre toros sí o toros no. Total, que me parecieron demasiadas coincidencias para que se me pasaran desapercibidas y yo -repito- lo interpreté como un anuncio, una premonición de que algo inolvidable iba a pasar.

Cuando recibió al toro con esos delantales a pies juntos, dejándose ir con ellos al infinito, ya no albergué la más mínima duda: "Esto huele a emoción". Emoción al verle andar sobre la arena y ante los toros; emoción en su desgarradora parsimonia torera; emoción en los cites sobrios, sin falsas alharacas ni retorcimientos antiestéticos; emoción al enroscarse el animal al corazón; emoción al alejarse de la suerte con chulería; emoción en su justa y medida faena (la esencia viene en frascos pequeños); emoción en el entusiasmo indescriptible de los espectadores; emoción cuando, sin solución de continuidad y al salir de un pase y quedarse el toro cuadrado para la muerte, sin pensárselo monta la espada y le pega un estoconazo que le tumba al instante. Ya está la obra de arte maravillosamente conclusa y lista para vivir en lugar preferente en nuestros recuerdos de aficionados. ¡Qué majeza, qué donaire, qué elegancia, qué seguridad, qué calma, qué intuición, qué improvisación, qué inspiración (las tres "ies" del arte torero), en definitiva: QUÉ TORERÍA! ¿Cuánto tiempo hacía que no veíamos a un torero salir con la espada de verdad? (no sé si los espectadores estarán recuperados a estas alturas de la sorpresa que recibieron de algo que antes era habitual y de uso obligado desde el mismo inicio de la faena) ¿Cuánto hacía que no veíamos torear sin dar pases? ¿Cuánto andar ante la cara del burel con esa donosura, esa elegancia y esa verdad? ¿Alguien se acordaba en esos momentos de esas lidias plenas de lances y más lances, de las carreras, de las idas y venidas a tablas, de la irrupción de los banderilleros cuando el matador va a por la espada...?

Cuando me suceden estas cosas compruebo lo absurdo a lo que nos quieren hacer llegar, lo repelente de sus intereses hueros y bastardos pero, afortunadamente, esas sensaciones vienen acompañadas de la recuperación de la certeza de que uno no iba desencaminado, que son otros (aunque son mayoría) los que intentan arrastrarte a un fin sin fondo y sin forma, sin proyección de futuro ni en la técnica, ni en el arte, ni en la emoción que éste nos produce.

Y la tarde otoñal madrileña... ¿qué me decís de esa tarde luminosa, limpia y llena de belleza? Un atardecer cómplice para procurar al artísta el entorno más adecuado para crear su obra efímera en el tiempo, pero eterna en los corazones. Aún me dura el embeleso mágico de su creación. Esta tarde volveré por Las Ventas al reencuentro de estas cosas. Siempre retorno a los lugares en los que fui feliz. Lo hago en soledad, cuando todo está vacío. Sé que el espíritu de los momentos bellos vaga flotando y yo voy a su reencuentro. Daré la vuelta al ruedo lentamente, absorbiendo con avaricia la ternura que Juan Mora esparció por la plaza. Y al llegar a mi localidad me veré, me saludaré desde abajo y ya seremos dos llorando emocionados.

Miguel MORENO GONZÁLEZ

2 comentarios:

Miguel Moreno González dijo...

Que yo lo vi, que no me lo contaron... y viéndolo: lo cuento y soy feliz.
http://tonimonton.blogspot.com/2010/10/llega-juan-mora.html

Sara Perez dijo...

Yo no lo ví la verdad. Es verdad que no soy muy aficionada y todo no lo veo. Lo que nunca me pierdo son las corridas de toros de una ganaderia de reses bravas de Sevilla, me encantan los ejemplares de toros que siempre tienen. Es verdad que actualmente hay pocas ayudas para estas ganadería y seria una pena que se perdieran. Gracias por el blog.

Me corto la coleta

Puede parecer pretencioso servirme de esta frase, reservada para los que del enfrentamiento con el toro han hecho su oficio, pero permítase...