viernes, 17 de septiembre de 2010

Feria del Cristo 2010 (III)

– III –

Jueves, 16 de septiembre de 2010. Las ilusiones mojadas.

Los malos augurios de la Agencia de Meteorología se cumplían y las nubes llegaron a las fiestas. La tertulia matinal fue más tertulia que nunca, por el buen oficio de Adolfo Campos en la tarea de moderador. Y en el aire la expectación de ver a los Cuadri en novillada, algo tan poco habitual que en los últimos diez años sólo una vez se había anunciado, y fue en Sevilla en 2009. Después seguí hablando de toros en Carabias con Yolanda, Andrés y Jose.

Con una fina lluvia y algo más de cuarto de plaza, unos 1.000 espectadores –aunque de pago, bastantes menos–, a las 6.07 hicieron el paseíllo el navarro de Murchante, Javier Antón, y los gaditanos Fran Gómez y Vázquez Romero (que repetía dos días después), de los que sólo el segundo estaba anunciado en el cartel. Los tres escasamente placeados, como suele suceder cuando se anuncia un hierro con marchamo de “duro”.

Como tardes anteriores, abrían el paseíllo dos alguacilillos que habían venido acompañando desde la plaza del Ayuntamiento (llamada en tiempos, “Constitucional”) a la banda de música, autoridades y misses, pero sólo con esa función decorativa y no las restantes que el Reglamento les reconoce. No pude localizar la hoja programa. Presidió de nuevo la concejala de festejos, flanqueada por dos asesores artísticos y escoltada, en segunda fila, por el veterinario don José Rubio.
–¿No va a decir que no se publicaron los partes facultativos de los anunciados: Diego Hermosilla e Iván Ponce?
–¿Y no le parece usted que debería ser el Consejo de Colegios de Médicos el que tomara cartas en este asunto de los partes? En cualquier caso, tampoco sería suficiente desde el momento en que se da validez para justificar una ausencia a un informe de un fisioterapeuta.
–No, si de todas formas, ya me parecía a mí mucho que Ponce torease cuadris.
–¡Vaya chiste malo!
Algunos aficionados de Madrid se habían desplazado por el reclamo del ganado. Entre ellos, cámara en ristre y acompañando a Fran Gómez, Luis, mi compañero de abono venteño y excelente paladar taurino.

Abrió la tarde un novillo anónimo (no enseñaron la tablilla), número 59, bien presentado y bizco del derecho, suavón en el capote. La puya quedó caída y en el quite dio un volatín al segundo lance. Fue el propio Javier Antón quien intentó clavar los garapullos, y en qué hora se decidió: el primer par caído, el segundo, al violín, defectuoso, y no dejó ningún palo en el tercero, al quiebro. Y, para colmo, por este motivo, nos quedamos sin ver banderillear a David Adalid. Brindó al público. El novillo era tardo, flojo y sin codicia, y los naturales del navarro, muy aliviados; hubieron de abrir al bicho los peones. Un pinchazo y otro hondo delantero sirvieron para que el animal se echara en tablas.

El segundo ejemplar, cuajado, hondo, gacho y abrochado de pitones, con el 49 en las costillas, humilló de salida, blandeando y dio un susto a Fran Gómez, que se aturulló y tuvo problemas para ponerle en suerte. En la primera entrada no se entregó y le dieron lo suyo; lo sacó El Ruso recogiendo el capote de esa forma que usan muchos peones, como si agarraran los extremos de un saco; entró por segunda vez e innecesariamente al caballo, buscándole las vueltas, de forma que el piquero no le dio. El primer par de banderillas fue bueno, pero no pude identificar al protagonista (vestido de turquesa y negro); el otro peón se llevó un susto al resbalar en el estribo a la salida del par; el tercer par quedó desigualado.
El gaditano no se confió en la faena de muleta, y eso que Mágico humillaba y seguía el trapo, aunque sin clase y saliendo distraído y acabara yendo a menos. Fran propinó un medio sartenazo y una delantera tendida, con desarme en ambos. El novillo se echó en la puerta de arrastre (tan mal rotulada, por otra parte), cuando ya había dejado de llover.

Justo de presencia, de fuerzas y sin desplazarse apareció el tercero, número 42, que dobló las manos, desluciendo el saludo de Vázquez Romero. Horrible el varilarguero, sin acertar a clavar a este Alpargatero, que empujaba con la cara alta y que salió suelto. Los banderilleros no quisieron hacer de menos a su compañero y anduvieron de mala forma con el utrero. Brindó a alguien en el mismo ruedo. El novillo tenía tendencia a vencerse, pero embestía con cierta codicia, y el roteño no supo ni colocarse, ni echarle la muleta y se ayudó innecesariamente en los naturales; no sin sufrir un susto propiciado por él mismo. Muy mal con los aceros, topando y sin pasar.

En cuarto lugar saltó un novillo de gachas defensas, con el número 54, y que se dejó las puntas rematando en tablas como si le fuera la vida en ello. Le colocaron mal en el caballo al que empujó fijo y con la cara arriba, con la puya trasera y casi enhebrada, de donde lo sacó Adalid; en la segunda entrada, le señaló en el mismo sitio. De nuevo los banderilleros estuvieron rematadamente mal, con un paso en falso, para luego simplemente dejarlas; el segundo tomó el olivo y el tercero clavó una al rejoneo; la presidencia optó por concluir el desaguisado cambiando el tercio con sólo dos palos en la piel de Llorón. Javier Antón inicio la faena abusando de pases obligados que el novillo tomó humillado y con codicia; no supo acoplarse ni en colocación ni en distancia y eso no ayudaba a corregir el defecto del toro de tardear, pero cuando tomaba la muleta lo hacía con fijeza y transmisión; quedó desarmado en los ayudados por el izquierdo y la siguiente tanda de naturales fue deslucida, citando como si tuviera una bandera por muleta. Tres pinchazos, saliendo dos veces desarmado, y una estocada caída, cobrada a paso de banderillas, pusieron triste final a este buen novillo.

El quinto de la tarde, número 43, de regular presencia, fue templado de salida. Desastroso el picapedrero, cosiéndole a placer con 5 agujeros, sin que el novillo terminase de emplearse; lo lanceó Fran Gómez a la defensiva y volvió a meterlo al penco, donde cabeceó y se repuchó. Al relance y a traición puso sus pares El Ruso, y su compañero ni siquiera clavó. Nadie se explicaba qué vio el diestro a Capitán, pero lo cierto es que, tras citarle con la muleta por las nubes y cambiar dos veces la pañosa, le cogió pánico y le asestó un sablazo en los bajos, dos pinchazos huyendo y una media tendidísima, sin pasar, que no bastaron; hubo además ocho golpes de cruceta y dos avisos, aunque él, aperreado, llegó a creer que habían sido tres. De hecho, fue la presidencia quien le libró de oír ese aviso definitivo, pues pasaban ya más de 16 minutos.

La salida del sexto fue espectacular, galopando y rematando en tablas. Lo lanceó bien Vázquez Romero, aprovechando la buena condición del novillo. Muy trasero y sin rectificar fue el largo puyazo, en el que se empleó el astado. Hubo de sacarle el diestro pero pasó tantos problemas que hubieron de suplirle en la brega; tras blandear, volvió al peto, pero esta vez cabeceó y se repuchó. En el tercio de banderillas blandeó y tuvo que salir David Adalid (que, subrayo, iba en la cuadrilla de Antón) porque el peón de brega, tras malearlo, salió de naja. Playero acusó el duro castigo en varas y se rajó de plano. Otra letanía de aceros: un pinchazo hondo, una media atravesada y 4 golpes de verduguillo, tras aviso.

Me decepcionó el juego del ganado, del que sólo se salvaron el tercero y el buen cuarto. Peor estuvieron los novilleros y aún más las cuadrillas, con una par de excepciones, entre ellas la de un David Adalid al que la afición le sale por los poros.

Charlé largo y tendido con Adolfo en casa Moncho, sobre la situación actual de los toros, rememorando décadas pasadas y personajes que ayudaron a limpiar esto de tanta mentira, y que tanto se echan de menos ahora.

Volvió la lluvia y no hubo baile en una noche en la que se sumaron Paloma y Paquita a la cuadrilla de la noche anterior.

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Cuadro de puntuación de la novillada

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